Y llegó el día en que un robot se enamoró de un humano y le chirriaron mucho las tuercas. Y también llegó el momento de su confesión, y se puso tan nervioso que le salió un pipí fucsia...
El elegante caballero se detuvo en el semáforo. Ante él se extendía un recién pintado paso de cebra, no pisado aún. Y de pronto se dio cuenta: Ése no era su mundo, ni lo había sido ni lo sería jamás. Así fue como se deshizo de su impropio atuendo y recuperó su libertad...
Y hubo un fuego sagrado, y los espíritus de los seres no manifestados acudieron al encuentro de las llamas, y allí se escucharon viejas lenguas que ningún diccionario recogía, hablaban de la gran Liberación, que acaecería en la Noche Sagrada de los Tiempos...